Es una pesadilla constante…. y se supone que ya debería estar curado… pero no lo estoy… esta semana, me tocó decirle adios a mi abuelita Herminia… la mamá de mi papá, la última que me quedaba en vida, después de la partida de los otros dos abuelitos que conocí y de aquella que no llegué a ver porque decidió partir antes que yo naciera…
Esta pérdida, la partida de la “Miminia” me dolió y mucho, y me hizo ver algo que no había percibido… que el libreto para la partida es siempre el mismo…una enfermedad grave, un cuarto de hospital, días de angustia, una posible recuperación y la partida inminente.
Esta vez, sin embargo, a pesar que el guión se estaba cumpliendo, decidí romperlo y hacer algo que no hice cuando mis abuelitos Jorge y Guillermo se fueron.
Todo empezó la madrugada del viernes, cuando la trasladamos al hospital, después de hallarla desmayada en casa, estuve con ella en la ambulancia, pude hablar con ella y luego, esclavizado por un extraño sistema laboral en el que estoy, tuve que dejarla… mi padre, fiel hasta el final, estuvo con ella, en todo momento…
El domingo, la vi en la noche, ya no estaba conciente, le había dado otro infarto cerebral y estaba con aparatos y todo lo demás, le hablé, le dije muchas cosas, le confesé otras, con el pensamiento extraño de que me escucharía…
El lunes estaba igual, se había perdido, ese lunes no fui, por cuestiones de trabajo, para variar… el martes, decidí ir en la noche, motivado porque papá me dijo que había despertado, la vi…y sí estaba despierta, pero no me entendía… miré la maquina a la que estaba conectada y tenía latidos de 70… y un mensaje que decía “buscando pulso”, ella seguía respirando, pero algo me decía que este era el fin…
Así que decidí sacarle la vuelta a la muerte y despedirme de mi abuelita, le dije cuanto la amaba, le agradecí cada minuto de amor, ese amor que le pemitió avanzar hasta conocer a su bisnieto, mi hijo, a Gael, ese amor que le permitió adoptar a Anita como su nieta y darle tanto en tan poco tiempo… la abracé, le di un beso y con algo de confianza le dijo “te veo mañana”.
El “mañana” me hizo verla en su ataúd… con una tranquilidad increible, me quedé algo tranquilo porque sabía en algún lugar de mi corazón, que está en el cielo, con mi abuelito Guillermo, su adorado esposo… y se que ahora, tenemos un angel más que nos cuidará desde allá arriba… igual pese a todo, no me consuelo, sigo con pena y no se me borrará nunca… pero por alguna razón, pienso que ahora está más tranquila… gracias Miminia, gracias por tanto amor…. gracias…


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