En dos semanas me ha tocado, por motivos de trabajo, acercarme a lugares que están en nuestro país, que están cerca de la ciudad de Lima a pocas horas, y que forman parte de un grueso sector de pobladores afectados por la violencia polìtica que reventó nuestro país entre 1980 al 2000.
Dos sectores, donde la población no siente ni tiene la más mínima idea del crecimiento económico que pregona el gobierno, que no sabe en que los beneficia que el Perù se convierta, según Alan García en un acreedor a nivel mundial y no sólo un pagador de deuda externa.
Poblaciones que sólo buscan vivir el día a día, que quieren defender lo poco que tienen a pesar que existen situaciones geográficas, políticas y sociales que juegan en su contra.
Sábado 22 de mayo: Asociación de Vivienda Padre Hubert Lanssiers, Huachipa. A una hora de Lima en auto. Avanzando por la autopista Ramiro Prialé, se llega hasta la avenida Las Torres cerca del zoológico, volteando a la izquierda, se entra a la zona de Cajamarquilla… y seguimos hacia adentro… más y más.
El auto encuentra la asociación de vivienda, terrenos baldíos otorgados por el ministerio de Justicia a un grupo de personas que fueron apresadas acusadas de terrorismo y que luego de un trabajo fuerte por parte de la comisión de Indultos presidida por el padre Hubert Lanssiers, lograron salir de la cárcel.
Este grupo de personas forma parte del grueso sector de ciudadanos que son objetos del proceso de reparaciones, luego del conflicto armado interno. Uno entra a la zona y ve algo de alegría, sonrisas y esperanza reflejadas por lo general en los rostros de los niños y las niñas. Los mayores, son algo desconfiados, han sufrido mucho, la prisión no es un campo vacacional… que duda cabe. Aunque conocen a la gente que me acompaña, a mi me miran con algo de desconfianza, cuando identifican que pertenezco a la organización que los ha ayudado muchas veces, el rostro cambia, el discurso también, la amabilidad surge y uno se siente entre gente conocida.
Miro alrededor, y sólo veo tierra y arena, algunas casitas mal construidas en adobe hecho por los mismos pobladores la carretera al lado y ningún poste de luz, letrinas que se descargan con agua almacenada en barriles. El viento fuerte y el frío húmedo que cala la nariz, una fábrica de cemento al lado que bota un humo negro amenazante, la carretera al lado, el tren al otro extremo que pasa haciendo bulla y más allá un terreno que le pertenece al ejército peruano y que quiere expandir sus territorios quitándole espacio a la gente, queriéndola botar para poder fabricar sus armas y municiones para enfrentar a enemigos inexistentes.
“No tenemos luz, no tenemos agua y encima nos quieren sacar de aquí, a pesar que el ministerio de Justicia nos entregó estos terrenos que están urbanizados, no son zona industrial”, me comenta una de las pobladoras ya con algo más de confianza.
Volteo alrededor y me pongo a pensar si yo podrìa vivir todos los días, alejado de la ciudad, sin luz, sin agua y con la amenaza pendiente de un desalojo fantasma que no tardará en llegar… me siento agradecido con lo que tengo, pero no dejo de pensar que todo el discurso fintoso de Alan, lleno de pedanterìa, de falsedad y sobre todo de conchudez suena como un chiste de mal gusto… lamentablemente para la gente de Huachipa, el Perù NO avanza.
Mièrcoles 26 de mayo de 2010. Chilca Alta. Huancayo, Junín. Ubicado a siete horas de Lima, y a 10 minutos del centro de Huancayo, Chilca Alta es un conjunto de barrios ubicado en un cerro. Es como subir al cerro El Pino de El Agustino en Lima, la única diferencia es que aquí no hay pistas, con las justas una que otra escalera hecha por la misma población… un riachuelo parte en dos la zona… no hay sistema de desagûe, hay poca energía eléctrica, los servicios que hay en la zona baja (agua, luz, posta médica, teléfono, etc) son una quimera para los que viven arriba del cerro.
La población de este sector, es gente que vino de Ayacucho, Huancavelica, Huánuco y otros lugares de la zona centro sur del país, desplazada por la violencia terrorista y la insanía de malos elementos de las fuerzas armadas.
Es gente que dejó todo o lo perdió todo escapando de un fuego cruzado. Hace años se asentaron aquí y si bien hay sectores que avanzan de a poquitos, la mayoría vive entre sus animales que luego servirán de comida, en medio del terral que deja el cerro cuando va perdiendo terreno.
Otros pasan su vida picando y picando el cerro, tratando de romper la laja, que aquí en Lima sirve para las casas fichas, para ellos es el obstáculo a vencer para poder construir sus viviendas, y siguen picando y ganando terrenos… algunos se endeudan para levantar sus casitas pero no terminan… mientras el alcoholismo y la violencia familiar siguen siendo sus peores enemigos. Y lo mismo, sin agua, sin luz, sin servicios… bajando a Huancayo a ganar el pan del día, sin los millones que las grandes empresas se llevan, sin la posibilidad de disfrutar, lo que por ejemplo Doe Run gana a kilómetros de ahí…
Y vuelvo a pensar en qué diablos es lo que falta para que todos tengamos las mismas oportunidades y no puedo evitar ver en mi cabeza la sonrisa cachacienta de un presidente que ahora se cree emperador y que para estar bien con él hay que rendirle pleitesía porque ahora pasea su extenso cuerpo por Europa dando clases de economía y dicendo que en Perú estamos de puta madre.
Estarán él y sus amigotes de puta madre. Pero ¿còmo le explico a la gente de Chilca que el Perú está creciendo si sus hijos no tienen ni un pan en la mesa? ¿cómo le digo a esa señora que habla conmigo que nuestro proyecto no trae dinero sino herramientas para que ellos mismos se impulsen? ¿cómo convenzo a ese joven ebrio tirado al lado de su casa que allá abajo hay posibilidades, que en Europa nos ven como una potencia sudamericana, si él está vencido por la falta de oportunidades?
Lo que nos falta, es una visión de país, pero una visión integral, con atención a todos los sectores, no sólo a los de arriba. Una atención que entienda que la educación, la salud y los servicios básicos son lo prioritario. Una atención que comprenda que los afectados por la violencia política merecen una mejor calidad de vida y una mirada más particular.
Por eso es que me revienta el hìgado cuando un seudo periodista en Huancayo, se atreve a minar el humilde trabajo que hacemos, para tumbar nuestro castillito de arena en favor de la población, diciendo que vamos a engañarla, que nos tiramos la plata y que nos aprovechamos de la gente. Nada más falso… hoy la gente con la que chambeo lo estará poniendo en su sitio… pero lo cierto es que si el gobierno se preocupara por atender los espacios que las ongs cubren el cantar sería distinto… porque para nuestros compatriotas en Huachipa y en Chilca lamentablemente, el Perú NO AVANZA, señor García… NO AVANZA.


De acuerdo totalmente, no es posible construir Perú sobre mentiras, ni narcisismo.
Estimado, así son las cosas, desde que lo conoces verdaderamente te das cuenta que existen las verdaderas mentiras, pero tu chamba es la que has escogido para redimir en lo minimo esas cosas que encuentras en tu camino y que solo conocemos los que en este trabajo hemos andado. Me parece bien que descargues en tu columna las opiniones que tienes y que puedas , luego, ordenándote, sistematizar lo que has aprendido y que tus denuncias puedan tener tribuna. Oscar