Vargas Llosa acaba de ganar el ansiado Premio Nobel de Literatura, el Nobel que tantas veces le fue negado, algunos señalan que por cuestiones políticas, otros dicen porque MVLL no se ajustaba a los estándares de calidad de la Academia, pero al fin y al cabo, el premio está ahí y eso, en una coyuntura como la peruana es (y debe ser) un tremendo triunfo para el país.
Mi primer contacto con Vargas Llosa, fue hace cuchucientos años, cuando vi “La Ciudad y los Perros”, era apenas un niño, cuando esta película de Francisco Lombardi, fue transmitida por televisión. Esa película, fue la culpable de los primeros rencores y temores que le guardé a la vida militar (hasta hoy), pero por alguna razón no podía acercarme a ese libro, tal vez porque siempre fueron caros los libros.
Pasaron los años y descubrí Quilca… el primer paraíso terrenal de los libros baratos y pude conseguir La Ciudad… ya estudiaba periodismo y hacía algunos pininos escribiendo narraciones cortas, pero leer a Vargas Llosa me hizo sentir tan chiquititito. Siempre que leo libros, manejo mucho mi imaginación, veo una película en mi mente, con las voces de los personajes y más y La Ciudad… no fue la excepción. Las imágenes en mi cabeza diferían, a propósito, de la pela de Lombardi y eso me pareció genial.
Luego vinieron, años después y sin ningún orden en particular, la Tía Julia el Escribidor (un riquisimo espacio de la vida radial peruana, para alguien como yo que hacía radio), Conversación en la Catedral, La Fiesta del Chivo (después vi la película y realmente muy bien lograda la recreación de la vida del dictador Trujillo), Travesuras de la Niña Mala (aunque siempre le he visto a esa novela aíres de “Forrest Gump”, las descripciones son alucinantes, saltando de Europa a Cuba y Perú con facilidad increible), me debo El Pez en el Agua, Lituma en los Andes y otros más.
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