Hoy me he visto en el espejo

Acabo de verme al espejo. Como siempre, como todos los días, como cada vez que me levanto o como cada vez que ingreso a los servicios en el trabajo o donde esté. Siempre me miro al espejo, ahí revelo mis ojeras, descubró mis cachetes inflados o reducidos, reconozco el cabello que me queda (y extraño aquel que me llegaba casi al hombro), analizo el brillo de mis ojos tras los lentes para saber si me queda batería para el resto del día.

Hoy acabo de verme al espejo y he descubierto que de pronto han aparecido muchas canas sobre el cabello, sí ese mismo que aún me queda y mi primer pensamiento es “sí de hecho me quedará bien, se me verá más…ehhh… interesante” y sonrío cojudamente mientras me miro al espejo y me remojo la cara para seguir con mi día.

Y de pronto recuerdo muchas cosas, justo en esos minutos de procastinación post almuerzo y leo la columna de una colega que habla sobre el tiempo que pasa con su hijo, aquel de un poco más de un año. Y en eso me atrapo viendo las fotos que colgué anoche de Gael y viendo el video de él jugando con su cometa… y me enamoro -otra vez- de él, de sus sonrisas, de sus jodas y de lo muy parecido que es a nosotros (su mami y yo) y pienso, lo mucho que disfruto con él… y lo mucho que reniego también, y como él a sus casi 5 años se ha dado cuenta de eso que hasta me bromea con algo que sabe que me hará renegar para luego decirme “es bromita, papá”.

Y caigo en la cuenta que paso mis tiempos corriendo de aquí para allá, de allá para acá, en una cosa, en otra, todas curadas bajo el paliativo pretexto de “hago todo esto por los tres” y después me sorprendo al mirar que no necesariamente es así.

Sin embargo, pienso que algo aprendí en el camino, en el tránsito ese entre ser hijo y convertirse en papá. Intento (y siempre será un intento eterno) tener el mejor tiempo de calidad con mi hijo… vuelvo corriendo a casa y procuro estar con él… es muy genial entrar y verlo despegarse de su mamá, solo para empezar a contarme atropelladamente que le dio de comer a la tortuga, o que hizo una trufa en el colegio, o que su amigo Aurelio jugó con él a las tortuninjas… o que, o que…. una catarata de cosas que solo se detiene cuando mi Ana le dice “deja a papá que se lave las manos siquiera”, o cuando vilmente me escapo y huyo al cuarto a quitarme la ropa asfixiante de todo el día de chamba.

Y de pronto una cosa tras otra, una travesura tras otra, una complicidad y un lenguaje que solo los tres entendemos y que estamos seguros nadie más entenderá y de pronto me hace renegar por algo, porque finalmente su vida es así, rebelarse, no querer dormir porque le quita tiempo para jugar con nosotros, hacerse el loco en cambiarse y lavarse los dientes porque cada minuto es sagrado mientras no cierre los ojos… y después de la renegada, el acurrucamiento y el quedarse pegado a él mientras nos arrullamos y siento su aroma, ese aroma que parece ser el mismo desde el primer día que lo tomé en brazos… ese aroma que me hace amarlo tanto que hasta miedo me da de pensar que crecerá… o que yo seguiré creciendo y que las canas invadirán mi cabello…

Y que cuando yo esté con el pelo totalmente canoso, el agarre el carro y se vaya con su hermano o hermana y me diga “no te preocupes yo lo (la) llevo”. y sienta que de pronto… A la mierda, ¿con 36 y me empiezo a preocupar de esas cosas? No pues, no está bien,mejor ir con calma, pensar en el hoy, el ahora… aceptar estas canas y pensar que sí pues, están chéveres y se me va a ver, repito, interesante.

En unos cinco meses vendrá alguien más a revolucionarnos la vida, a hacernos crecer como familia, a decir que el mundo ya no será de tres en esa casita, sino de a 4… y desde ya, siento que lo adoro y que también daré la vida por él (ella) y que nuevamente sentiré que el tiempo me falta y que quiero hacer todo y más… y que me exigiré y… nada, simplemente que seguiré siendo yo, él mismo loco de siempre, el que ama, el que reniega, el que adora, el que llora cuando algo no sale… cuando siento que le fallo a quienes amo… simplemente ese del espejo… ese mismo.

Mis fracasos y yo

Fracasar. El miedo al fracaso, las ganas de hacerlo todo bien y exigirte demasiado para lograr lo que quieres.

Digamos que siempre me he acostumbrado a lograr metas, aprobar todo y seguir adelante en lo que me propongo. He tenido mis ratos de derrotas, como la primera vez que jalé en el colegio o como cuando en la pre rebotaba en matemática o cuando en la universidad jalaba exámenes. Siempre renegaba con eso pero casi siempre eran cosas que no me atraían o por las cuales respondía por cumplir.

Siempre obtenía lo que me proponía, obtengo lo que me propongo, pero cuando fracaso me siento jodido, me siento un fraude conmigo mismo…

No sé perder? Seguro que sí. Pero más es la bronca de esforzarme por algo y caer en un par de intentos cuando suelo hacerlo distinto a los demás y cuando considero que me siento preparado, me jode más cuando fallo en cosas elementales… confundi una ruta, por Thor!!! Es una de las cosas más raras que me ha pasado…. dos veces??? En distintos puntos… y es una cosa que me dura todo el día… y la cual me puede torturar muuuuucho rato… ¿Cómo se cura? No sé. ¿Soy picón? Sí. ¿Por qué lo cuento? Porque siento que es la única forma de hacer catarsis… por eso…

Me queda una chance, si la jodo me sentiré fatal… si lo logro será genial… a lo que venga…

La Fiaca. O simplemente la realidad pues

El lugar común: una casa, cualquiera. Como la tuya, como la mía o como la del vecino. El malestar social, individualizado en un solo caso del que muchos temen hablar: Que te llegue al pincho ir a trabajar.

Ese dilema tan mortal, tan notorio cada cierto tiempo, tan puro que parece casi salido de algún cuento que te contaron de niño, y el desconcierto que se puede generar alrededor de esa decisión tan propia, son parte del hilo conductor de la obra teatral “La Fiaca”.

La fui a ver la semana pasada y en medio de las risas que genera la performance de los actores, te queda la sensación de pensar en varias cosas, que detallo (fácil que por ahí me pongo en plan “spoiler” así que si piensas ver la obra, mejor ni sigas leyendo y vuelve luego)

1. La rutina se puede convertir en tu peor enemigo, eso puede producirte una tremenda desazón que resulta en un “may. No voy, me quedo”.

2. ¿Qué hacemos para romper esa rutina?

3. Me ha pasado muchas veces que en plena calle, temprano por la mañana veo a un manchón de gente caminando al mismo ritmo, tenso, cansino, con la cara estresada por llegar temprano y batallando entre la multitud y el tránsito calamitoso… y pienso que en verdad parecemos hechos en masa y manejados por una fuerza superior… (Sí, sí ya sé, mucho Matrix)

4. La broma del “No voy a trabajar” se convierte en un motivo de una supuesta lucha reivindicativa de los trabajadores oprimidos por los empleadores… pero el final te maltrata y te deja pensando si finalmente no estamos más que condenados a eso… a ganarnos el pan.

5. ¿Y qué si un día decides simplemente no trabajar más? Al menos no en lo que estás ahora. ¿Te apoyará tu familia?, ¿tus amigos creerán que estás loco?, ¿serás un visionario? o simplemente “ya déjate de vainas y levántate…”

Vida, tan sólo vida

El tiempo pasa, van y vienen los días y simplemente los momentos que para algunos pueden ser pequeños resultan increíbles. Un fin de semana con todo, momentos con Gael y Anita, momentos con mis papás. Hora de decisiones con Gael, pasos pequeños pero gigantes, sorpresas y más.

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Salir de una partida, una carrera corta, me atreví a hacerlo, debía hacerlo, después de haber pasado por momentos difíciles, era mi prueba para saber de qué estoy hecho. Y me fue bien, definitivamente no era ganar o perder, era simplemente llegar, ver las caras de mi gente al final, sonrientes, gritones y dicharacheros comos siempre. Eso vale más que una medalla, al final no lo hice por eso, simplemente fue, por verlos, sentirlos y sentirme bien. Esos momentos, ese llegar a la meta, es lo que hace que uno se sienta vivo.

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Así como el hecho de que Gael limpiara su cuarto y arreglara el caos que él mismo armó con sus juguetes. Le costó, lo asumió y sabía que era su responsabilidad. Son sus propios logros. Y esos logros lo hacen ser quién es. Lo hacen estar vivo

Cansado de seguir pensando

Mirando en retrospectiva, me va muy bien, tengo una familia genial, un buen trabajo, estoy sano (felizmente) y haciendo un balance, seguir vivo es genial. Sin embargo siento que por momentos las fuerzas no alcanzan sobre todo cuando lees, miras y escuchas tantas opiniones sobre algo que te concierne y te cuestionas si lo estás haciendo bien o mal.

Para algunos estará bien, para otros estará mal. Yo lo quiero, lo adoro tremendamente, vino para cambiar mi vida y definitivamente no puedo pedirle nada más a este mundo cada vez que me abraza, me da un beso y se pone a jugar conmigo. Recién hace unos días salimos al parque, corrió tomado de mi mano y se divirtió persiguiéndome como si yo fuera el “malosito” de sus juegos favoritos con los muñecos en el cuarto. Él siempre será el superhéroe, no hay duda… lo veo y digo “entonces de que diablos me preocupo”.

Si aún no desarrolla una habilidad, le sobran diez. Pero el puto sistema me dice que si no desarrolla esa habilidad… se queda. Y me jode, me frustra tremendamente pensar que se pueda “quedar”. Pero de inmediato pienso “quedar ¿en qué?” En no ser uno más del sistema? En no ser el aplicado niño en edad pre escolar que debe sentarse todo el día en una mesa y pintar dentro del círculo? O ser aquel niño que tiene que quedarse tranquilo hasta que todos terminen de hacer el mandato dado?

Paciencia, esperar su turno. Son frasecitas que llegan a cada rato en su cuaderno de apuntes. Lo practicamos con él y lo va aprendiendo. Y eso es bueno. Pienso y pienso. ¿Cómo será en un año? ¿Cambiará? ¿y si no cambia? ¿y si se queda? ¿y si así le va bien? Pensar y pensar… ¿expectativas? Muchas. “Las debes bajar” No puedo… soy así, me gusta crearme expectativas, confiar y pensar que el futuro será genial. Que está preparado para grandes cosas. ¿Eso es malo? Unos dicen que no, otros que sí. Especialistas por aquí y por allá. Y yo dando vueltas y vueltas.

Estoy cansado… cansado de seguir pensando.

Pelear con la nostalgia

Cada cierto tiempo la nostalgia golpea mi vida como si fuera un pequeño dardo que me hace sufrir y derramar algunas lágrimas. Por lo general son relámpagos de tristeza que llegan, pasan y luego abandonan mi existencia hasta que algo la vuelva a motivar o lo haga aparecer como si se tratase de un visitante casi constante.

Hoy es uno de esos días y realmente no se como haré. Ya me pasó hace un par de semanas en la misa y con la imagen cerca. Hoy no sé. Realmente no lo se. Mi abuelita era muy devota del Señor de los Milagros y creo que esa fe me la logró transmitir, es más, es quizá la del mes de octubre la única imagen santa que aún me logra remover y cuestionar.

Pero verla me trae recuerdos, pensamientos, nostalgias… hoy tocará pelear con la nostalgia y no sé si lo lograré… tanto te extraño aún y ya ha pasado un tiempo…

Eva Ayllón manda a callar a público en París que coreaba “El Pueblo Unido”

 

 

Cuando lo vi en el twitter no lo creí. Cuando leì la nota en la pàgina oficial de Quilapayùn tampoco. Pero cuando vi el video lo entendí todo y me quedé más que pasmado. Nuestra artista nacional Eva Ayllón, una vez más demostró que su ego puede jugarle una mala pasada.

Según revela la página oficial del grupo Quilapayún, la Ayllón, que participa en una gira con ellos y el grupo Inti Illimani, representantes de la música folclórica latinoamericana y con mucho accionar político en las década de los 70 y 80, no tuvo mejor idea que mandar callar al público en París, cuando empezó a corear un clásico “El pueblo unido, jamás será vencido”.

Molesta, doña Eva, que se dice apolìtica (pero tocó en el concierto de cierre de campaña de Keiko Fujimori) no tuvo mejor idea que acercarse al micrófono en pleno éxtasis del concierto, y apresurada por algún temor de corte comunista o socialistón, se aprestó a decir

“no no, no, nada de eso”, “nosotros somos artistas y no cantamos por ideales…”

Claro, luego doña Eva manifestó en camerinos que se excusaba por la “torpeza” y “falta de información”, y se justificó diciendo “que esta arenga ha causado muchos problemas en mi país”, desconociendo nuevamente la fuerza de una canción que sirvió de ideal para muchas generaciones y que incluso fue usada en la campaña electoral peruana.

Tal como se muestra en el video, las pifias resonaron a montones y como dice Hugo Lagos, integrante de Quilapayun, en la web oficial, “nadie aplaudió su última canción, acto seguido volvimos al escenario y el pueblo unido con la fuerza del Quila y el Inti histórico juntos, hizo temblar la sala. El honor estaba salvo”.

Sólo nos resta decir… ay doña Eva… se dice apolítica y cantó en el mitin de Keiko, y dice que los artistas no cantan por ideales… ¿reconoce entonces que ella sólo lo hace por el dinero?.

Doña, aquí si escribimos por ideales y cantamos también a veces, para muestra un botón.

Gracias a Eduardo Gonzales por el datazo

Un lugar donde poder escribir y decir lo que salga en cualquier momento de esta vida

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